I. ASPECTOS BIBLICOS
a) La tarea de cultivar y custodiar la tierra
El antigua testamento presenta a dios como creador, que plasma al hombre a su imagen y lo invita a trabajar la tierra y a custodiar el jardín de Edén en donde lo ah puesto. El hombre debe “cultivar y cultivar” los bienes creados por Dios: bienes que el hombre no ah creado sino que ah recibido como don precioso.
El trabajo no es ni un castigo ni una maldición. So convierte en fatiga y pena a causa del pecado de Adán y Eva, que rompen su relación confiada y armoniosa con Dios.
El pecado de Adán y Eva fue provocado precisamente por esta tentación: “sereis como dioses”. Quisieron tener el dominio absoluto sobre todas las cosas, sin someterse a la voluntad del Creador. Desde entonces, el suelo se ha vuelto avaro, ingrato y sordamente hostil; solo con sudor de la frente será posible obtener alimento.
El trabajo es esencial, pero es Dios, no el trabajador la fuente de la vida y el fin del hombre.
El descanso permite a los hombres recordar y revivir las obras de Dios, desde la Creación hasta la Redención, reconoce a sí mismo como obra suya, dar gracias por su vida y su subsistencia a Él.
El descanso sabático ha sido en defensa del pobre; su función es liberadora de las degeneraciones antisociales del trabajo humano.
b) Jesús hombre del trabajo
En su predicación Jesús enseña a apreciar el trabajo. Él mismo “se hizo semejante a nosotros en todo, dedico la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual”. Jesús condena el comportamiento del siervo perezoso y alaba al siervo fiel.
En su predicación, Jesús enseña a los hombres a no dejarse dominar por el trabajo. Deben, ante todo, preocuparse por su alma.
c) El deber de trabajar
Ningún cristiano, por el hecho de pertenecer a una comunidad solidaria y fraterna, debe sentirse con derecho a no trabajar y vivir a expensa de los demás.
Mediante el trabajo, el hombre gobierna el mundo colaborando con Dios; junto a Él, es señor y realiza obras buenas para sí mismo y para los demás. El ocio perjudica el ser del hombre, mientras que la actividad es provechosa para su cuerpo y su espíritu. El cristiano está obligado a trabajar no sólo para ganarse el pan, sino también para atender al prójimo más pobre.
Este parentesco entre trabajo y religión refleja la alianza misteriosa, pero real, que media entre el actuar humano y el providencial de Dios.
III LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
a) La dimensión subjetiva y objetiva del trabajo
En sentido objetivo, es el conjunto de actividades, recursos, instrumentos y técnicas de las que el hombre se sirve para producir.
El trabajo en sentido subjetivo, es el actuar del hombre en cuanto a ser dinámico, capaz de realizar diversas acciones que pertenecen la proceso del trabajo y que pertenecen a su vocación personal
El trabajo humano no solamente procede de la persona, sino que esta también esencialmente ordenado y finalizado en ella, independientemente de su contenido objetivo, el trabajo debe estar orientado a la persona que lo realiza, porque la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo, es siempre el hombre.
El trabajo humano posee también una intensa dimensión social.
El trabajo de un hombre en efecto, se vincula naturalmente con el de los otros hombres.
También los frutos del trabajo son ocasión del intercambio, de relaciones y de encuentro. El trabajo, por tanto, no se pude valorar justamente si no se tiene en cuenta su naturaleza social.
El hombre debe trabajar, ya sea porque el creador se lo ha ordenado, ya sea porque debe responder a las exigencias de mantenimiento y desarrollo de sus misma humanidad. El trabaja se perfila como obligación moral con respecto al prójimo, es en primer lugar la propia familia
b) La relación entre trabajo y capital
El trabajo en su carácter subjetivo o personal, es superior a cualquier otro factor de producción. Este principio vale, en particular, con respeto al capital.
En la actualidad el termino capital tiene diversas aceptaciones: en ciertas ocasiones indica los medios materiales de producción de una empresa, en otras, los recursos financieros invertidos en una iniciativa productiva o también ,en mercados bursátiles.
Se habla también del modo no totalmente apropiado al capital humano, para significar los recursos humanos, es decir las personas mismas
El trabajo tiene una prioridad intrínseca con respecto al capital, este principio se refiere directamente al proceso del mismo de producción respecto al cual el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras que el capital, siendo el conjunto de los medios de producción, es solo un instrumento o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente que se deduce de toda la experiencia histórica del hombre
La relación entre trabajo y capital presenta a menudo los rasgos del conflicto que adquiere caracteres nuevos con los cambios en el contexto social y económico.
No debe pensarse equivocadamente que el proceso de superación de la dependencia del trabajo respecto a la materia sea capaz por si misma de superar la alineación en y el del trabajo.
La relación entre trabajo y capital se realiza también mediante la participación de los trabajadores en la propiedad, en su gestión y en sus frutos
c) Relación entre trabajo y propiedad privada
El Magisterio de la Iglesia estructura la relación entre el trabajo y capital también respecto a la institución de la propiedad privada, al derecho y al uso de esta. El derecho a la propiedad privada está subordinado al principio del destino universal de los bienes y no debe constituir motivo de impedimento al trabajo y al desarrollo de otros. La propiedad que se adquiere sobre todo mediante el trabajo, debe servir al trabajo.
Esto vale de modo particular para la propiedad de los medios.
La propiedad privada y pública, así como los mecanismos del sistema económico, deben estar predispuestas para garantizar una economía al servicio del hombre.
d) El descanso festivo
El descanso festivo es un derecho. El día séptimo cesó Dios de toda la tarea que había hecho, también los hombres creados a su imagen, deben gozar del descanso y tiempo libre para poder atender la vida familiar, cultural, social y religiosa.
El domingo es un día que se debe satisfacer una caridad efectiva, dedicando especial atención a la familia y a los parientes, así también como a los enfermos y a los ancianos.
Las autoridades publicas tienen el deber de vigilar para que los ciudadanos no se vean privados, por motivos de productividad económica, de un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patrones tienen una obligación análoga con respecto a sus empleados.
Todo cristiano deberá evitar imponer sin necesidad a otro lo que le impidiera guardar el día del señor.
IV EL DERECHO AL TRABAJAR
a) El trabajo es necesario
El trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre. Un bien útil y digno de él, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana.
El trabajo es necesario para formar y mantener una familia, adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana. Para la iglesia la desocupación es una verdadera calamidad social, sobre todo en relación con las jóvenes generaciones.
La capacidad propulsora de una sociedad orientada hacia el bien común y proyectada hacia el futuro se mide también, y sobre todo, a partir de las perspectivas de trabajo que puede ofrecer.
El alto índice de desempleo y la persistencia de dificultades para acceder a la formación y al mercado de trabajo constituyen para muchos, sobre todo jóvenes, un grave obstáculo en el camino de la realización humana y profesional. El que está desocupado corre el riesgo de quedar al margen de la sociedad y de convertirse en victima de la exclusión social. Este drama en general afecta a : Las mujeres, los trabajadores menos especializados, a los minusválidos, a los inmigrantes, a los ex reclusos y a los analfabetos.
La conservación del empleo depende cada vez más de las capacidades profesionales.
Cada vez se impone al sistema educativo favorecer la disponibilidad de las personas a una actualización permanente y una reiterada cualifica. Los jóvenes deben aprender a actuar autónomamente, a hacerse capaces de asumir responsablemente la tarea de afrontar can la competencia adecuada los riesgos vinculados a un contexto económico cambiante y frecuentemente imprevisible en sus escenarios de evolución.
b) La Función del Estado y de la sociedad civil en la promoción del derecho al trabajo.
Los problemas de la ocupación reclaman las responsabilidades del estado, al cual compete el deber de promover políticas que activen el empleo, es decir, que favorezcan la creación de oportunidades de trabajo en el territorio nacional, incentivando para ello el mundo productivo.
Teniendo en cuanta las dimensiones planetarias que han asumido vertiginosamente las relaciones económico-financieras y el mercado de trabajo, se debe promover una colaboración internacional eficaz entre los estados, mediante tratados, acuerdos y planes de acción comunes que salvaguarden el derecho al trabajo.
Hay que ser conscientes de que el trabajo humano es un derecho del que depende directamente la promoción de la justicia social y de la paz civil. Estas tareas corresponden a las Organizaciones internacionales, así como a las sindicales.
Para la promoción del derecho al trabajo es importante, que exista realmente un libre proceso de autoorganización de la sociedad.
c) La familia y el derecho al trabajo
El trabajo es el fundamente sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre.
El trabajo asegura los medios de subsistencia y garantiza el proceso educativo de los hijos. Familia y trabajo están estrechamente unidos. Se las debe abarcar conjuntamente. Es necesario que para esto las empresas, las organizaciones profesionales, los sindicatos y el estado se hagan promotores de políticas laborales que no perjudiquen, sino que favorezcan el núcleo familiar desde el punto de vista ocupacional. La familia y el trabajo se condicionan recíprocamente de diversas maneras.
d) Las mujeres y el derecho al trabajo
El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social: para eso se debe organizar la presencia de las mujeres en el ámbito social.
Se debe tener en cuenta la dignidad y la vocación de la mujer.
Existen muchas formas de discriminación que ofenden la dignidad y vocación de la mujer en la esfera del trabajo. La mujer es olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Se debe tomar conciencia de la urgencia de un efectivo reconocimiento de los derechos de la mujer en el trabajo.
e) El trabajo infantil
El trabajo infantil y de menores, en sus formas intolerables, constituye un tipo de violencia menos visible, mas no por ello menos terrible
Este sigue siendo un problema moral. Se denuncia el aumento de la explotación laboral de menores en condiciones de esclavitud.
e) La emigración y el trabajo
La inmigración puede ser un recurso más que un obstáculo para el desarrollo.
Hoy en día existe un desequilibrio entre países ricos y pobres. Las comunicaciones reducen rápidamente las distancias, crece la emigración de personas en busca de mejores condiciones de vida, procedente de las zonas menos favorecidas de la tierra. A menudo su llegada es percibida como una amenaza para los elevados niveles de bienestar. Sin embargo la gente que va a otro país esta generalmente dispuesta a realizar trabajos que la gente que vive en el país no esta dispuesta a hacer.
f) El mundo agrícola y el derecho al trabajo
El trabajo agrícola merece una especial atención, debido a la función social, cultural y económica que desempeña en los sistemas económicos de muchos países.
Es necesario que se den cambios radicales y urgentes para volver a dar a la agricultura y a los hombres de campo el justo valor como base de una sana economía, en el conjunto del desarrollo de la comunidad social.
Se precisa con urgencia una profunda reflexiona sobre el significado del trabajo agrícola y sus múltiples dimensiones. Se trata de un desafió de gran importancia que debe afrontarse con políticas agrícolas y ambientales.
En algunos países es indispensable una redistribución de la tierra, en el marco de políticas eficaces de reforma agraria.
V DERECHOS DE LOS TRABAJADORES
a) Dignidad de los trabajadores y respeto a sus derechos.
Los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente.
Derechos enunciados por el Magisterio social de la Iglesia:
El derecho a una justa remuneración; el derecho al descanso, el derecho a ambientes de trabajo y a procesos productivos que o comporten perjuicio a la salud física de los trabajadores y no dañen su integridad moral; el derecho a que sea salvaguardada la propia personalidad en el lugar de trabajo: el derecho a subsidios adecuados e indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados y de sus familias; el derecho a la pensión, así como a la seguridad social para la vejez, la enfermedad y en caso de accidentes relacionados con la prestación laboral; el derecho a previsiones sociales vinculadas a la maternidad; el derecho a reunirse y a asociarse. Estos derechos son frecuentemente desatendidos, como confirman los tristes fenómenos del trabajo infraremunerado, sin garantías ni representación adecuadas.
b) El derecho a la justa remuneración y distribución de la renta.
La remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales. El salario es el fruto legitimo del trabajo.
La remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común.
El bienestar económico de un país no se mide exclusivamente por la cantidad de bienes producidos, sino también teniendo en cuenta el modo en que son producidos y el grado de equidad en la distribución de la renta, que debería permitir a todos disponer de lo necesario para el desarrollo y el perfeccionamiento de la propia persona.
c) El derecho de huelga.
La huelga, se puede definir como el rechazo colectivo y concertado, por parte de los trabajadores, a seguir desarrollando sus actividades, con el fin de obtener, por medio de la presión así realizada sobre los patrones, sobre el Estado y sobre la opinión publica, mejoras en sus condiciones de trabajo y en su situación social. También la huelga, aun cuando aparezca “como una especie de ultimátum”, debe ser siempre un método pacifico de reivindicación y de lucha por los propios derechos.
SOLIDARIDAD ENTRE LOS TRABAJADORES
a) La importancia de los sindicatos.
El Magisterio reconoce la función fundamental desarrollada por los sindicatos de trabajadores, cuya razón de ser consiste en el derecho de los trabajadores a formar asociaciones o uniones para defender los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas profesiones. Las organizaciones sindicales, buscando su fin especifico al servicio del bien común, son un factor constructivo de orden social y de solidaridad y, por ello, un elemento indispensable de la vida social.
La doctrina social enseña que las relaciones en el mundo del trabajo se han de caracterizar por la colaboración: el odio y la lucha por eliminar al otro; constituyen métodos absolutamente inaceptables.
Los sindicatos son propiamente los promotores de la lucha por la justicia social, por los derechos de los hombres del trabajo, en sus profesiones especificas.
El sindicato, siendo ante todo un medio para la solidaridad y la justicia, no puede abusar de los instrumentos de lucha. Debe saberse autorregular y ponderar las consecuencias de sus opciones en relación al bien común.
El sindicato y las demás formas de asociación de los trabajadores deben asumir una función de colaboración con el resto de los sujetos sociales e interesarse en la gestión de la cosa publica. Las organizaciones sindicales tienen el deber de influir en el poder publico, en orden a sensibilizarlo debidamente sobre los problemas laborales y a comprometerlo a favorecer la realización de los derecho de los trabajadores.
b) Nuevas formas de solidaridad.
En la actualidad, los sindicatos están llamados a actuar en formas nuevas, ampliando su radio de acción de solidaridad de modo que sean tutelados, además de las categorías laborales tradicionales, los trabajadores con contratos atípicos o a tiempo determinado; los trabajadores con un puesto de trabajo en peligro a causa de las fusiones de empresas, incluso a nivel internacional; los desempleados, los inmigrantes, los trabajadores temporales; aquellos que por falta de actualización profesional han sido expulsados del mercado laboral y no pueden regresar a él por falta de cursos adecuados para cualificarse de nuevo.
Ante los cambios introducidos en el mundo del trabajo, la solidaridad se podrá recuperar, e incluso fundarse mejor que en el pasado, si se actúa para volver a descubrir al valor subjetivo del trabajo.
c) Doctrina social y “res novae”.
El factor decisivo y “el arbitro” de esta compleja fase de cambio es una vez más el hombre, que debe seguir siendo el verdadero protagonista de su trabajo. El hombre puede y debe hacerse cargo, creativa y responsablemente, de las actuales innovaciones y reorganizaciones, de manera que contribuyan al crecimiento de la persona, de la familia, de la sociedad y de toda la familia humana.
La persona humana emprende la aventura de la transformación de las cosas mediante su trabajo para satisfacer necesidades y carencias ante todo materiales, pero lo hace siguiendo un impulso que la empuja siempre más allá de los resultados logrados, a la búsqueda de lo que pueda responder más profundamente a sus innegables exigencias interiores.
Cambian las formas históricas en las que se expresa el trabajo humano, pero no deben cambiar sus exigencias permanentes, que se resumen en el respeto de los derechos inalienables del hombre que trabaja.
Cuanto más profundos son los cambios, tanto más firme debe ser el esfuerzo de la inteligencia y de la voluntad para tutelar la dignidad del trabajo, reforzando, en los diversos niveles, las instituciones interesadas.
Los escenarios actuales de profunda transformación del trabajo humano hacen todavía más urgente un desarrollo auténticamente global y solidario, capaz de alcanzar todas las regiones del mundo, incluyendo la menos favorecidas. Para estas ultimas, la puesta en marcha de un proceso de desarrollo solidario de vasto alcance, no solo aparece como una posibilidad concreta de creación de nuevos puestos de trabajo, sino que también representa una verdadera condición par la supervivencia de pueblos enteros: “Es preciso globalizar la solidaridad”.
Los desequilibrios económicos y sociales existentes en el mundo del trabajo se han de afrontar restableciendo la justa jerarquía de valores y colocando en primer lugar la dignidad de la persona que trabaja: “Las nuevas realidades, que se manifiestan con fuerza en el proceso productivo, como la globalización de las finanzas, de la economía, del comercio y del trabajo, jamás deben violar la dignidad y la centralidad de la persona humana, ni la libertad y la democracia de los pueblos. La solidaridad, la participación y la posibilidad de gestionar estos cambios radicales constituyen, sino la solución, ciertamente la necesaria garantía ética para que las personas y los pueblos no se conviertan en instrumentos, sino en protagonistas de su futuro.”

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