Leo Elders
The Philosophical Theology of Saint Thomas Aquinas
Cap. 2 La Cognoscibilidad de Dios
¿Es evidente la existencia de Dios?
Para Santo Tomás no podemos acceder de modo directo a Dios, porque nuestro intelecto no está capacitado para conocer directamente las realidades espirituales, a las que solo tenemos acceso por medio de las realidades sensibles.
A su vez, tampoco es evidente por sí mismo, ya que eso implicaría que el predicado se haya contenido en el sujeto, pero en el caso de Dios, la esencia nos es desconocida, por lo tanto puede ser evidente en si pero no para nosotros.
Entonces para alcanzar certeza referida a Dios debemos usar argumentaciones.
¿Puede ser demostrada la existencia de Dios?
Existen dos tipos de demostración:
Propter quid: desde la causa a los efectos.
Quia: cuando el efecto es más conocido que la causa y por lo tanto vamos del efecto a la causa.
Capítulo 3 Las Cinco Vías de la Summa Theologiae
Sto. Tomás toma para todas las vías de hechos percibidos por los sentidos externos como puntos de partida para los argumentos, con esto no descarta que se pueda partir de experiencias internas, pero quiere basarse sus argumentos en hechos que deben ser admitidos por todos.
Primera Vía.
Responderemos, que la existencia de Dios puede demostrarse de cinco maneras. La primera y más evidente prueba es la que se deduce del movimiento; porque es cierto por la experiencia que en este mundo hay cosas, que se mueven. Pero todo lo que se mueve recibe el movimiento de otro; porque ningún ser puede moverse, sino en tanto que tiene poder para ello con relación al objeto, hacia el cual sea movido. Una cosa no mueve a otra, sino en cuanto existe en acto, porque mover no es otra cosa que hacer pasar un ser de la potencia al acto; y un ser no puede pasar de aquélla a éste, sino por medio de otro, que está en acto. Así es como lo cálido en acto, cual es el fuego, hace que el combustible, que es cálido en potencia, sea cálido en acto; y por esto lo mueve y modifica. Mas no es posible que el mismo ser esté a la vez en acto y potencia, sino en conceptos diferentes; porque lo que es cálido en acto, no puede serlo al mismo tiempo en potencia, y sí frío simultáneamente en potencia. Por consiguiente es imposible que el mismo ser mueva y sea movido bajo el mismo concepto y del mismo modo, o que él se mueva a sí mismo; y por lo tanto es necesario que todo lo que se mueve sea movido por otro. Si pues el que da el movimiento él mismo está en movimiento, es preciso que lo reciba de otro, y este de otro; pero no procediendo hasta el infinito, porque en este caso no habría primer motor, y por consecuencia tampoco habría algo que moviese a otro; porque los segundos motores no mueven, sino en cuanto son movidos por un primero. Así un bastón no se mueve, sino cuando le mueve la mano que se sirve de él. Por consiguiente es preciso remontarse a un primer motor, que no sea movido por otro, y este primer motor es el que todo el mundo llama Dios.
Es llamada la vía más evidente, ya que el movimiento es observado y admitido por todos. Debe entenderse movimiento en el sentido analizado por la filosofía de la naturaleza.
A la luz de este análisis, es obvio que la potencia que es actualizada no puede actualizarse a sí misma, sino que requiere de una causa distinta de ella misma o al menos de esa parte u órgano en el cual esta potencia está presente. La razón es que la potencialidad implica estar en potencia, y por lo tanto no puede la potencia darse una actualización que no tiene.
En una serie de causas no se puede proceder ad infinitum. Por lo tanto debe haber un primer motor que no es movido por ningún otro, sino que es causa en sí de todo movimiento. El principio se basa no en la imposibilidad de una multitud infinita en acto, sino en una cadena infinita de causas per se. La razón está en que en una cadena de causas hay una que es causa del resto, pero en una serie infinita todas las causas son intermedias y no hay una primera causa desde la cual se origina el movimiento. Se consideran las causas per se, es decir aquellas causas que en el ejercicio de su causalidad dependen de una causa anterior, que cuando cese de actuar deja de haber movimiento.
El argumento concluye que debe haber un origen absoluto de todo movimiento. Esto es un Primer Motor que no es movido por otro. Se entiende que este Primer Motor al mover a otros no puede pasar de la potencia al acto, y por esta razón debe ser pura actualidad.
Segunda Vía.
– La segunda prueba se deduce de la naturaleza de la causa eficiente. En efecto: en las cosas sensibles hallamos cierto encadenamiento de causas eficientes. No se encuentra, sin embargo, ni es posible, que una cosa sea causa eficiente de sí mismo; porque entonces sería anterior a sí misma, lo que repugna: ni es posible que para las causas eficientes se remonte uno de causas en causas en serie infinita; puesto que en todas las causas eficientes ordenadas la primera es causa de la intermedia, y esta de la última; ya sea que las causas intermediarias sean muchas, o que solamente haya una. Pero quitada la causa, se quita también el efecto: luego, si en las eficientes no se admite una primera causa, no hay ni puede haber última ni intermedia. Ahora bien: si por medio de las eficientes se remonta uno de causa en causa hasta el infinito, no habría causa eficiente primera, y por consecuencia no habría ni último efecto, ni causas eficientes intermediarias: lo que evidentemente es falso. Luego es necesario admitir una primera causa eficiente, y esta es la que todo el mundo llama Dios.
Esta vía comienza con el hecho de la experiencia de la existencia de un orden de causas eficientes; es decir que observamos agentes en acción de los que uno es dependiente de un agente anterior. En tal serie de causas subordinadas todas salvo la primera son como instrumentos en tanto que solo actúan cuando el primer agente actúa sobre ellas. En otras palabras el punto de partida de esta prueba es cualquier actividad en el universo que, siendo provocada por otro agente, es parte de una cadena de causas eficientes per se.
Santo Tomás recuerda el principio ‘nada es causa eficiente de sí mismo’, no solo de la existencia de la causa sino de su ser causa in actu.
El siguiente paso consiste en afirmar que en una serie de causas no se puede proceder ad infinitum porque en una serie de causas per se, debe haber una primera. Si la serie fuera infinita, no habría influencia causal que pudiera llegar a la actividad que ahora estamos observando.
Tomadas todas juntas las causas intermedias no son suficiente porque no pueden operar sin una Primera Causa. Esto nos lleva a concluir que hay una Primera Causa, que nunca comienza a actuar sino que está siempre en acto o que es su propio acto.
Tercera Vía.
– La tercera prueba está sacada de lo posible y de lo necesario, y se expone de este modo. En la naturaleza hallamos cosas, que pueden ser y no ser, toda vez que hay quien nace y quien muere, y que puede por consecuencia ser y no ser. Ahora bien: es imposible que tales seres existan siempre: porque lo que es posible que no exista, alguna vez no existe. Por consiguiente, si todos los seres han podido no existir, ha habido un tiempo, en que nada existía. Si así hubiera sido, nada existiría ahora; porque lo que no existe no puede recibir el ser, sino de lo que existe.
Por consiguiente, sino hubiese existido ningún ser humano hubiera sido imposible que ninguna cosa empezase a existir; y por lo mismo nada existiría ahora: lo que a todas luces es falso. Por lo tanto no todos los seres son posibles, sino que es preciso que en la naturaleza haya un ser necesario. Pero todo ser necesario o tiene la causa de su necesidad en otra causa, o no: y, como no es posible que se proceda hasta lo infinito en las cosas necesarias, que tienen en sí la causa de necesidad, como tampoco en las causas eficientes, según lo dicho en este artículo; se deduce que es preciso admitir un ser, que sea necesario por sí mismo, que no tome de otra parte la causa de su necesidad, sino al contrario que él sea la causa de necesidad respecto de los demás; y este ser es el que todo el mundo llama Dios.
El punto de partida de esta vía es la existencia de lo posible, es decir de lo que puede tanto existir como no.
No es posible que estas cosas existan siempre, porque lo que puede no ser, en algún momento no es.
A continuación el texto nos indica que se significa una nada en el pasado. Con respecto al futuro no se puede afirmar ya que la desaparición de algo podría dar lugar a la aparición de otra cosa, pero hacia el pasado esto no puede sostenerse. Una serie infinita de existencias pasadas no suman una infinita extensión de tiempo. Puesto que debemos afirmar que siempre hubo ser (de lo contrario no habría nada ahora), se hace evidente que toda la realidad no puede haber sido desde la eternidad algo perecedero.
Luego debe haber un ser necesario además de aquellos que son posibles.
Finalmente distingue entre un ser necesario cuya existencia es causada por otro y aquel cuya necesidad es de si mismo y por lo tanto no tiene una causa ulterior. Aquellos cuya necesidad viene de otra causa no se puede regresar ad infinitum (causalidad per ser), por lo tanto debe haber un ser cuya necesidad no depende de otro: Dios.
Cuarta Vía.
– La cuarta prueba está tomada de los diversos grados, que se notan en los seres. En efecto: se observa en la naturaleza algo más o menos buenos, más o menos verdadero, más o menos noble, y así en todo lo demás. El más y el menos se dice de los objetos diferentes, según que se aproximan de diversa manera a un tipo el más elevado: así un objeto es más caliente, a medida que se aproxima más a lo más cálido por excelencia. Por consiguiente hay algo, que es lo verdadero, lo bueno, lo noble por excelencia, y por tanto el ser por excelencia: porque lo que es verdadero por excelencia, es ente por excelencia, como lo dice Aristóteles Met. l.2, text. 4. Ahora bien: lo que lleva por excelencia el nombre de un género, es causa de todo lo que contiene este género: así el fuego, que es lo que hay de más caliente, es causa de todo lo cálido, como lo dice el mismo filósofo Met. l.2, text. 4; hay pues algo, que es causa de lo que hay de ser, de bondad y de perfección en todos los seres: y a esta causa es la que llamamos Dios.
Los hechos observados en esta vía son las gradaciones que ocurren en las cosas. Refiere a perfecciones que trascienden una clase particular de ente. Más o menos no tienen una significación cuantitativa sino ontológica.
Si un ente es o tiene una cierta perfección que aparece limitada, es porque ha sido recibida por el sujeto y limitada por su potencialidad.
Aquello que es más verdadero, es decir lo que causa mayor sabiduría, son los principios y las causas. Ahora bien, las causas son más que sus efectos. Por lo tanto lo más verdadero es también lo que es más. Usa este recurso porque mientras que puede ser afirmado directamente la nobleza, bondad y verdad, el ser no puede.
Las perfecciones trascendentales coinciden con el ser en la identidad de una realidad, por ello es que Sto. Tomás puede pasar de hablar de conceptos trascendentales a una conclusión sobre el ser.
Habiendo demostrado que existe uno máximamente grande entre los seres argumenta que este máximamente grande es causa del ser de los otros entes. (esto corresponde a la metafísica de la participación).
Quinta Vía.
– La quinta prueba está tomada del gobierno del mundo. En efecto: vemos que los seres desprovistos de inteligencia, como los cuerpos naturales, obran de un modo conforme a un fin; pues se los ve siempre, o al menos muy a menudo, obrar del mismo modo, para llegar a lo mejor: de donde se deduce, que no es por casualidad, sino con intención deliberada, llegan de este modo a su fin. Los seres desprovistos de conocimiento no tienden a un fin, sino en tanto que son dirigidos por un ser inteligente, que lo conoce; como la flecha es dirigida por el arquero. Luego hay un ser inteligente, que conde todas las cosas naturales a su fin; y este ser es al que se llama Dios.
El hecho del que parte esta vía es la actividad con propósito de los cuerpos físicos y las plantas. Aquí Santo Tomás habla de acciones hacia un fin en lugar de orden de las cosas. Las cosas naturales sin conocimiento obran en función de un fin.
Cuando hallamos determinismo en algo, es decir ciertos factores por los cuales siempre o casi siempre alcanza un fin particular por su acción, decimos que un intelecto debe ser su causa. La razón es que para poder obtenerse un fin preciso, es necesario que esos factores sean arreglados de tal manera que el efecto que se obtiene haya sido tenido en cuenta previamente. Dado que es el intelecto el que compara y conecta cosas, la disposición particular debe ser obra de un intelecto.


