Thursday, August 18, 2005



Tema: El alma en general.


Alma:

El término alma suele ser relacionado con algún principio de la teología revelada, algo bíblico, ciertas creencias sobrenaturales, etc. Si bien es cierto que tiene algunos de estos usos, la palabra alma designa una realidad filosófica, que se puede conocer (con certeza mediata –es decir, a partir de ciertos efectos podemos remontarnos a la causa de dichos efectos) a través de la razón natural.
¿Qué es el alma? Es el primer principio vital del viviente. Aquello por lo que el viviente es tal; es decir, aquello que hace que el viviente sea justamente eso: un viviente.

“Es necesario afirmar que el entendimiento, principio de la operación intelectual, es forma de cuerpo humano.” S.T. I q. 76, a. 1, c.

Por lo tanto, el alma es la forma del cuerpo. Ya hemos visto que toda sustancia está compuesta por dos coprincipios: materia prima (coprincipio potencial) y forma sustancial (coprincipio actual). Siendo el viviente una sustancia (lo llamamos “sustancia viva”), debe también entonces tener esta composición. Así al cuerpo le corresponderá ser el coprincipio potencial, y al alma el coprincipio actual. Aclarado esto, se puede comprender que el alma no es una especie de energía, ni una porción del cerebro más desarrollada en los humanos, sino que es simplemente la forma sustancial del viviente que, unida a una determinada materia, conforma a la sustancia viva (viviente).



Algunas objeciones aparecen en cuanto a la existencia del alma. Principalmente se sostiene (desde posiciones cientificistas o positivistas) que el alma no existe:

“El mundo material es la única realidad; nuestra conciencia y pensamiento, por trascendentes que nos parezcan, no son más que los productos de un órgano material: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu, sino que, por el contrario, es el espíritu lo que es el producto superior de la materia.” Friedrich Engels, Feuerbach y el fin de la filosofía alemana.


Sin embargo:

“Para analizar la naturaleza del alma, es necesario tener presente el presupuesto según el cual se dice que el alma es el primer principio vital en aquello que vive entre nosotros, pues llamamos animados a los vivientes, e inanimados a los no vivientes [...] Pero decimos que el primer principio vital es el alma. Aunque algún cuerpo pueda ser un determinado principio vital, como en el animal su principio vital es el corazón. Sin embargo, un determinado cuerpo no puede ser el primer principio vital. Ya que es evidente que, ser principio vital, o ser viviente, no le corresponde al cuerpo por ser cuerpo. De ser así, todo cuerpo sería viviente o principio vital. Así, pues, a algún cuerpo le corresponde ser viviente o principio vital en cuanto es tal cuerpo. Pero es tal cuerpo en acto por la presencia de algún principio que constituye su acto. Por lo tanto, el alma, primer principio vital, no es el cuerpo, sino, el acto del cuerpo. Sucede como con el calor, principio de la calefacción, que no es cuerpo, sino un determinado acto del cuerpo.” S.T. I q. 75, a. 1, c.

Lo que nos está indicando Sto. Tomás aquí es que, la materia no puede por sí sola determinar al viviente en tanto que viviente. Debe haber algo distinto del cuerpo que lo hace ser un cuerpo animado y no uno inanimado. De lo contrario, todo cuerpo sería viviente, ya que si fuera el cuerpo (la materia) lo único de lo que el viviente está formado, no habría nada que distinga al viviente del que no lo es. Materialmente, no hay nada que diferencie a un ser animado de uno inanimado. Entonces, si no es material: ¿podemos hablar de ello? Si. Desde una visión realista, debemos afirmar que esto es posible. Negar la existencia de algo por no ser material es una actitud reduccionista, que es propia del cientificismo y el positivismo.
La materia, en cuanto tal, es potencia, y no acto, y lo que determina a una sustancia no es la potencia sino el coprincipio actual, es decir la forma, la materia es solo el principio determinable. En el viviente, esa forma (sustancial), ese principio actual lleva el nombre de ALMA.


El alma humana tiene operaciones que son propias, sin concurso del cuerpo.

“Sin embargo, hay que tener presente que una forma, cuanto más alta es su categoría, tanto más domina la materia corporal y menos inmersa está en ella, y tanto más la impulsa por su operación y su capacidad. Así observamos que la forma de un cuerpo compuesto tiene alguna operación que no es causada por las cualidades fundamentales. Cuanto mayor es la categoría de las formas, tanto más supera su poder al de la materia elemental; y, de este modo, el alma vegetativa supera la forma de un metal; lo mismo hace el alma sensitiva con la vegetativa. Pero de todas las formas, la de más categoría es el alma humana. Por eso, su poder sobrepasa de tal manera al de la material corporal, que tiene una capacidad y una operación en la que de ninguna manera participa la materia corporal. Esta facultad es llamada entendimiento.” S.T. I q. 76, a. 1, c.

El alma, por ser forma sustancial actualiza al todo el cuerpo y, por lo tanto está presente en todo el cuerpo.

“Si, como hemos dicho ya (a.1), el alma se uniera al cuerpo sólo como motor, se podría decir que no está en cada una de sus partes, sino solamente en una por la que movería a las demás. Pero porque el alma se une al cuerpo como forma, es necesario que esté en todo él y en cada una de sus partes. Pues no es forma accidental del cuerpo, sino forma sustancial. La forma sustancial no es solamente perfección del todo, sino de cada una de sus partes.” S.T. I q. 76, a. 8, c.


El alma no es principio inmediato de las operaciones.

“Es imposible afirmar que la esencia del alma sea su potencia [...] Pues el alma, esencialmente está en acto. Por lo tanto, si la misma esencia del alma fuese el principio inmediato de su operación, todo el que tiene alma estaría siempre realizando en acto las acciones vitales, así como quien tiene alma está vivo.” S.T. I q. 77, a. 1, c.

Esto significa que, si el alma fuera el principio inmediato de las operaciones, siendo esta (el alma) forma y por lo tanto acto, estaría siempre obrando. Esto es evidentemente falso pues no siempre estamos en acto de nuestras operaciones (no siempre pensamos, ni vemos, ni oímos, etc.). Por lo tanto, debe mediar algo entre el alma y las operaciones, a esto se le llama potencia del alma.


Existen en el alma tantas potencias como objetos hay a los que se ordena.

“En cuanto tal, la potencia está ordenada al acto. Por eso, es necesario que esté determinada por el acto al que está ordenada. Consecuentemente, es necesario que la diversidad de naturaleza en las potencias sea establecida en razón de la diversidad de objetos. Pues toda acción responde a una potencia activa o pasiva. El objeto, con respecto al acto de la potencie pasiva, es como principio y causa motora. Ejemplo: El color, en cuanto mueve a la facultad de visión, es principio de la visión. El objeto, con respecto al acto de la potencia activa, es como término y fin. [...] Por eso necesariamente las potencias deben diversificarse según sus actos y objetos. S.T. I q. 77, a. 3, c.

Existe un orden en las potencias del alma.

“Responderemos que, siendo una sola el alma y varias sus potencias y pues de lo uno a lo múltiple se procede en algún orden, necesariamente lo hay entre las potencias del alma. Este orden entre ellas se considera bajo tres aspectos: dos de ellos según la dependencia de una respecto de otra; y el tercero en relación con el de sus objetos; y una potencia puede depender de otra de dos maneras: 1º según el orden de la naturaleza, como las cosas perfectas son naturalmente anteriores a las imperfectas; 2º según el orden de la generación y del tiempo, como de lo imperfecto se procede a lo perfecto. Según el primer orden las potencias intelectuales son anteriores a las potencias sensitivas, y por eso las dirigen e imperan; así como igualmente las potencias sensitivas a las del alma nutritiva. El segundo es inverso, por cuanto en la marcha de la generación las potencias nutritivas preceden a las sensitivas, puesto que aquellas preparan el cuerpo a las operaciones de estas, que a su vez son anteriores a las intelectivas. Conforme al tercer orden se correlacionan entre sí ciertas potencias sensitivas, cuales son la vista, el oído y el olfato; porque lo visible es naturalmente anterior, puesto que es común a los cuerpos superiores e inferiores; al paso que el sonido se deja oír en el aire, que es naturalmente anterior a la combinación de los elementos, que ya el olor supone.”
S.T. I q. 77, a. 4, c.

Por la dependencia de una potencia a otra:
• Por la naturaleza: lo más perfecto es anterior a lo menos perfecto.
• Por la generación en el tiempo: de lo imperfecto se llega a lo perfecto.

Por el orden de los objetos: vista, oído, olfato, gusto, tacto.



Existen en el alma potencias que residen en el alma como su sujeto, estas son las que operan sin concurso del cuerpo; y otras que residen en el compuesto como su sujeto, estas son las que operan mediante algún órgano corporal.

“ Responderemos que lo que puede obrar es el sujeto de la potencia operativa, puesto que todo accidente da a su sujeto propio su denominación, y aquello que puede obrar es lo mismo que obra; por consiguiente la potencia lo es del sujeto mismo, al cual compete la operación, como dice Aristóteles mismo De somno et vigilia, a. 1. Y bien: de lo expuesto S.Th.I, q. 76, a. 1, al 1º consta indispensablemente que hay ciertas operaciones del alma, que se ejecutan sin auxilio de los órganos corporales, como el entender y el querer; y consiguientemente las potencias, que son los principios de estas operaciones, residen en el alma como en su sujeto. Pero también hay otras operaciones del alma, que se ejercen por medio de los órganos corporales, como la visión por los ojos y la audición por los oídos; y lo mismo podemos decir respecto de todas las demás operaciones del alma nutritiva y del alma sensitiva: por esta causa las potencias que son los principios de estas operaciones están en el conjunto como en su sujeto y no en el alma exclusivamente.” I q. 77 a 4 c.


Selección de textos realizada por el Prof. Gustavo D. Suárez

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